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Valdez Albizu Recibe Doctorado Honoris Causa de parte Universidad APEC

Publicada el 10 de octubre de 202231 de octubre de 2022 por Guarionex Rosa

El gobernador del Banco Central, licenciado Héctor Valdez Albizu recibió el doctorado Honoris Causa en economía, de manos del señor Franklin Holguín Haché, durante un solemne acto que se llevó a cabo en el auditórium del Banco Central. Recibió también el anillo y el diploma que lo acredita.

Valdez Albizu estuvo acompañado por su esposa, Fiordaliza de Valdez y sus hijos Héctor Manuel Jr., y Begoña; sus hermanos, miembros de la Junta Monetaria, embajadores y funcionarios y empleados de todos los niveles de la institución y amigos especialmente invitados para la ocasión. Una banda clásica y el coro del Banco Central ofrecieron su actuación.

                                          Palabras del Gobernador Héctor Valdez Albizu                     

Quiero iniciar mis palabras, agradeciendo la presencia de la excelentísima Señora vicepresidenta de la República Dominicana, Raquel Peña, que de forma desinteresada y tomando tiempo de su apretada agenda de trabajo, ha tenido la gentileza de acompañarnos en este solemne acto de investidura en que la Universidad APEC me reconoce como Doctor Honoris Causa en Ciencias Económicas y Empresariales.

 Aprovechando que en este evento la vicepresidenta representa al excelentísimo señor presidente de la República Luis Abinader, quiero enviarle al mandatario dominicano mi más afectuoso saludo.

 Confieso que me embarga una gran emoción y siento una enorme satisfacción ante el honor que me confiere la Universidad APEC, a la que reconozco por sus altos estándares de calidad y la mística impregnada por sus fundadores, quienes, desde el difícil año de 1965, se propusieron ser pioneros y grandes innovadores en la formación académica en las áreas de negocios, servicios y tecnología, entre otros campos del saber.

Quiero manifestar mi más profundo agradecimiento a los honorables miembros del Consejo Académico de la Universidad APEC, encabezado por su Rector, el Dr. Franklyn Holguín Haché, quienes tan amablemente acogieron la iniciativa de reconocerme en este día. Acepto esta distinción con regocijo y por supuesto, con la mayor humildad.

 Pienso, de alguna forma, que la distinción que hoy recibo es un reconocimiento a la labor de todos los hombres y mujeres que conforman el banco central, una institución que es ejemplo de organización, transparencia, credibilidad y excelencia.

A ellos, que siempre me han apoyado en las complejas tareas que he tenido que afrontar, desde los honorables miembros de la Junta Monetaria, los funcionarios y el equipo técnico, hasta el más sencillo colaborador, quiero expresarles en este magno escenario mi más profunda gratitud por su entrega desinteresada y su compromiso con los valores institucionales.

En lo personal, estoy convencido de que cualquier logro alcanzado a lo largo de mi carrera profesional debe mucho a los valores de trabajo, lealtad y honestidad que desde muy pequeño me inculcaron mis padres. Estos valores, junto al inmenso amor que nos profesaron en vida, tanto a mis hermanos como a mí, los atesoro en mi corazón y me seguirán acompañando por el resto de mi existencia.

Soy consciente además de que cada paso en mi carrera y cada iniciativa personal y profesional ha contado con el respaldo absoluto de mi amada esposa, Fiordaliza y mis queridos hijos Héctor Manuel y Begoña. Doy gracias al Dios todopoderoso por tenerlos y porque siempre han estado presentes, aun en aquellos momentos en que mis responsabilidades al frente del banco central exigieron grandes sacrificios y provocaron continuas ausencias en los encuentros familiares.

 Amigas y amigos, luego de una breve reflexión y tomando en cuenta los motivos por los cuales se me distingue en el día de hoy, me parece oportuno abundar en mis palabras sobre dos elementos que han sido fundamentales para los logros alcanzados tanto en lo personal, como en lo profesional, al frente del banco central. Me refiero a la educación y el trabajo.

 Decía el político, filántropo y libertador de Sudáfrica, Nelson Mandela, que “la educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”. A una escala menor, siempre entendí que la formación y la preparación continúa eran la llave para lograr un desempeño de excelencia. Y que estos valores, junto a una mística de trabajo arduo, constante y sin respiro garantizaban el éxito.

Basado en estas creencias, siempre he buscado en el banco central la gestión integral de sus recursos humanos, procurando mantener un personal altamente calificado, capaz de contribuir al logro de los objetivos de la institución. En ese tenor, el banco es una entidad que capacita a su personal en programas académicos acorde con su área de desempeño.

 Debo decir que, en esta búsqueda de formación académica, muchos de nuestros colaboradores han pasado por las aulas de UNAPEC, obteniendo licenciaturas y maestrías e incluso capacitándose en los programas de idiomas que ofrece la entidad. Para muestra un botón. Nuestra Vicegobernadora, Clarissa de la Rocha de Torres, gran profesional, poseedora de un pensamiento crítico y una alta capacidad técnica, es egresada de esta prestigiosa universidad.

 Mas allá de los esfuerzos de formación y capacitación que he promovido desde el banco central, creo oportuno contarles un poco de mi experiencia personal con la educación y de mis vínculos con la casa de altos estudios que hoy me reconoce como Doctor Honoris Causa.

Tal como se dijo en la lectura de mi semblanza, soy graduado de economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en 1971. Apenas un año antes, ingresé como asistente técnico al departamento de estudios económicos del banco central, donde fui ascendiendo por mi preparación académica y mi dedicación hasta alcanzar la posición de director. Gracias al apoyo del banco pude continuar mi formación en distintas universidades y organismos internacionales.

 En la Universidad Católica de Chile realicé estudios de desarrollo económico, que luego fueron complementados con especializaciones en temas de política monetaria, política fiscal y programación financiera en el Instituto de Estudios Especializados del FMI en la ciudad de Washington. Bajo el auspicio de la OEA y del propio Banco Central obtuve titulaciones en distintas áreas técnicas, como mercado de capitales, balanza de pagos y cuentas nacionales, entre otras.

 Como muchos otros profesionales de la economía, tuve la oportunidad de contribuir como docente en varias universidades del país, impartiendo clases de desarrollo económico, moneda y banca y política fiscal.

 Para nadie es un secreto que la carrera docente requiere grandes esfuerzos por parte de quien la ejerce. En mi caso, durante un periodo de mi vida, viajaba al menos dos veces por semana a San Pedro de Macorís para impartir clases de economía en la Universidad Central del Este. Adicionalmente, en paralelo a mi trabajo en el Banco Central, dicté numerosos cursos de formación especializada tanto a lo interno de la institución como en otros centros de enseñanza del país.

 Una de las experiencias más gratificantes de mi vida docente, mencionada por el rector Holguín Haché en su discurso, fue cuando en el periodo comprendido entre finales de la década de los setenta y comienzo de la década de los ochenta, fui profesor de la Universidad APEC, entonces Instituto de Estudios Superiores. Conservo de esos años gratas vivencias y recuerdos entrañables. El 4 orgullo de formar parte del plantel docente de UNAPEC no me ha abandonado nunca.

 Estimado auditorio, estoy convencido de que la preparación académica y los años de experiencia, tanto de quien les habla como del equipo de profesionales que me acompañan, han sido determinantes para la conducción de la política monetaria por una senda de estabilidad. Pero como dijo Thomas Alva Edison, “no hay un sustituto perfecto del trabajo duro”. Combinar la educación y la experiencia, con el trabajo tesonero ha sido la clave de lo mucho o poco que he logrado alcanzar.

 Durante los años en que me he desempeñado como gobernador, he sido testigo de una trayectoria ascendente de la economía dominicana gracias a su continuo crecimiento y a su capacidad de resiliencia, mostrada ante distintas crisis.

 Recuerdo que, al asumir como gobernador por primera vez, la inflación exhibía una tendencia al alza que la llevó a cerrar por encima de 14% en 1994. Para revertir esa tendencia, adoptamos un conjunto de medidas monetarias que nos permitió recuperar la estabilidad de precios y algo mejor, mantenerla durante los años siguientes. Así, la inflación promedió 7.0% en 1995-2000, muy por debajo del 18% observado en las economías latinoamericanas más grandes en ese periodo.

 Años después, las circunstancias de la vida me pusieron de nuevo al frente del banco central para una segunda gestión. En ese entonces, agosto 2004, el país estaba afectado por la mayor crisis financiera de su historia y por una inflación de casi 50%. Con una política monetaria restrictiva y una estrategia para devolver la confianza de los dominicanos en el sistema financiero nacional, reducimos la inflación a un solo dígito en seis meses. Desde entonces y hasta el inicio de la pandemia, la inflación promedió 4.5%, una de las más bajas de América Latina.

 Modestamente, queridos amigos, puedo decir que estoy convencido de que la estabilidad de precios lograda durante mis años como gobernador, ha contribuido a crear las condiciones para el despegue de la economía dominicana hacia el tan anhelado desarrollo.

 Para ilustrar este punto, recordemos que en 1994 el país tenía unos 7.6 millones de habitantes que producían unos US$14 mil millones, para un ingreso per cápita de US$1,880 anuales. Hoy en día, contamos con una población de 10.6 millones de personas que se estima generarían en 2022 un producto de US$112 mil millones y un ingreso per cápita superior a los US$10,000 dólares.

 De estos números se desprende que nuestra economía es hoy siete veces más grande de lo que era cuando asumí por primera vez como gobernador, mientras el ingreso per cápita de los dominicanos es cinco veces mayor a su valor de 1994. Doy gracias a Dios por haber sido testigo de esta gran transformación económica.

 Agradezco también la oportunidad que la vida me dio de participar como actor de primera línea en tres momentos que resultaron ser trascendentales para la historia económica dominicana. Primero, la negociación con el Club de París de la deuda bilateral dominicana, donde formé parte del equipo negociador. Segundo, la reorientación y modernización del Banco de Reservas de la República Dominicana que me tocó liderar como Administrador General. Y, por último, la coordinación de los equipos técnicos que tuvieron la responsabilidad de negociar y poner en marcha tres grandes acuerdos con el Fondo Monetario Internacional en tiempos de dificultad económica.

 En fin, amigos y amigas, ha sido un largo camino no exento de escollos y grandes desafíos, pero con un balance positivo del que me enorgullezco, y el que reconozco debe mucho a la educación y al trabajo.

Estimados miembros del Consejo Académico de UNAPEC, pueden tener la certeza de que este reconocimiento fortalece el compromiso institucional y personal que tenemos con la estabilidad macroeconómica y el desarrollo del país. Ese compromiso es innegociable, tanto así, que parafraseando a Confucio nos atrevemos a afirmar que “cuando el objetivo parezca imposible de alcanzar, no lo cambiaremos, simplemente buscaremos otro camino para llegar a él”.

Gracias de nuevo por este reconocimiento. Auguramos muchos éxitos a la Universidad APEC en sus planes y proyectos para los años venideros, en los que de seguro pondrán a disposición de nuestro país profesionales capaces para apoyar las transformaciones económicas que exigen los nuevos tiempos. Muchas gracias.

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