Razones políticas y el afán opositor de minar el camino de casi dos años que restan al presidente Abinader y al Partido Revolucionario Moderno, PRM, parece ser lo que empuja la aparente indignación en la capital que fue atizada hace días por el asesinato del joven Darlin Mercado Reyes, a manos de la Policía.
Abinader no tuvo nada que ver con ese crimen porque no mandó a matar ni a reprimir en el barrio adonde ocurrió la tragedia, sino por el contrario, rápidamente se pronunció y llamó “animal” al acusado, quien fue captado en cámaras digitales durante la comisión del hecho. Abinader, pues, se mostró conmovido como la sociedad.
Lo que pasa es que la Policía Nacional no tiene componte. Lo que ahora alarma a la ciudadanía ocurrió en gobiernos anteriores; los intercambios de disparos no son cosa que la inventó el régimen de Abinader, sino que está en la siquis de sus miembros, que ven a los civiles por encima del hombre, como que no son personas.


Cuando conversaba hace más de 45 años con el antiguo jefe de la Policía, Neit Nivar Seijas, mientras ambos servíamos como diplomáticos acreditados en Washington, DC, siempre le preguntaba por qué la Policía recluta a los más brutos, a los más ordinarios para ese servicio vital de salvaguardar el orden. Generalmente aceptaba la queja, pero no tenía explicación.
Una vez se inventó el “enganchar” a los policías con el nivel académico de bachillerato. La idea, que pareció brillante, se diluyó en poco tiempo. Hace algunos años mientras caminaba por el Faro a Colón, me topé con un joven agente de la Policía con quien entablé una conversación. Me sorprendió que era absolutamente analfabeta.
La verdad es que a punto de cumplir dos años de segundo mandato y con una obra extraordinaria, se le ha complicado el panorama al presidente Abinader por el rechazo de los nuevos impuestos que al parecer son anticipo de una reforma fiscal, la agitación de los logreros de la política y de los partidos tradicionales que buscan sacar ventaja de la situación.
Los agitadores han dominado el lenguaje soez que la nueva ley de prensa que le llaman “Ley Mordaza” busca corregir para evitar que la libertad se convierta en libertinaje y están, con poco éxito, detrás de las manifestaciones en la plaza de La Bandera para protestar por varios asuntos desde los precios altos, los nuevos impuestos hasta el crimen del joven Darlin y de los cacerolazos, una forma de chercha.
Los que pudieran defender al régimen de Abinader dirían que mientras la manifestación del jueves en la plaza de la Bandera, desguarnecida del público que la atestaba en una mejor época para la calle, los obreros de Obras Públicas tuvieron que paralizar los trabajos del túnel subterráneo que mejorará el tránsito este-oeste de Santo Domingo. Fue, por tanto, un acoso inútil.

El aparente distanciamiento del gobernante con los medios de opinión pública, llevó a que el Listín Diario titulara en su nota de portada: ¿Se enfría la relación palacio y prensa?”, lo que parecería extraño si se recuerda que Abinader ha sido muy cordial con los medios de comunicación y con sus líderes, en público y en privado.
La nota cita que el gobernante se ha alejado de la exposición mediática, lo que ha hecho que se aparte de la estrategia comunicacional. “La Semanal con la Prensa”, que en alguna medida se fue desvirtuando en cuanto a su interés original, y se permitió que algunos periodistas fueran a lucirse con exposiciones más que con preguntas, devino en aburrida.
Si se cree la afirmación opositora de que el gobierno gasta miles de millones al mes en su andamiaje publicitario, parecería que dichos caudales están muy mal repartidos o que al régimen de Abinader le falta más cara a cara entre sus líderes en materia de comunicación y los medios, sus dirigentes y los periodistas de la base.

