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Embajadores de RD en Washington durante 4 años

Publicada el 19 de septiembre de 202619 de septiembre de 2026 por Guarionex Rosa

Cuatro embajadores en cuatro años y medio fue mi experiencia durante mi desempeño como consejero y cónsul general de la República Dominicana en Washington, DC, entre 1979 a 1983, algo que si no era un récord andaba cerca.

Era la época de la transición entre el prolongado gobierno del presidente Joaquín Balaguer, llamado los “doce años” y la llegada del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, al poder con don Antonio Guzmán como presidente en 1978.

A poco de juramentarse, don Antonio propuso al licenciado Francisco Augusto Lora, quien había sido vicepresidente con Balaguer en el cuatrienio 1966-1970. Los dos hombres públicos rompieron sus relaciones a mitad de 1968.

Lora había fundado el Partido Reformista como el segundo líder luego de Balaguer. Se dice que ambos hombres conversaron sobre la candidatura en las elecciones de 1970 y que Lora quedó convencido de que el caudillo le cedería el paso.

Cuando Lora dejó el Palacio Nacional en 1968, convencido de que el doctor Balaguer se repostularía en 1970, decidió irse a Santiago, su ciudad natal y formar el Movimiento de Integración Democrática, MIDA, esencialmente antirreeleccionista.

Lora nunca volvió a reconciliarse con Balaguer, pero al terminar el primer cuatrienio del caudillo, aceptó irse como embajador en Washington, D.C., posición en la cual solamente duró poco más de un año hasta fines de agosto cuando el huracán David devastó la RD.

Ya para ese momento se había solicitado al Departamento de Estado el beneplácito para el ingeniero Enriquillo del Rosario Ceballos, un viejo perredeísta que viajó a Washington, DC, como pudo y tomó posesión a principios de septiembre.

Del Rosario Ceballos, viudo, con cuatro hijos, era muy pro norteamericano mucho antes de que se mantuviera en boga la americanización que prevalece hoy en muchos países de América Latina. Austero, compraba con cupones de los periódicos y defendía el centavo. Era una persona decente y gentil.

Me extrañó que, a poco de tomar posesión en la elegante, aunque muy descuidada residencia que había adquirido el estado dominicano en la Era de Trujillo, el embajador del Rosario Ceballos me pidió que lo acompañara a hacer la “visita previa” al decano del cuerpo diplomático el embajador soviético Anatoli Dobrynin (1962-1986).

Dobrynin, diplomático de la mayor distinción y resaltante personalidad, había sido el embajador soviético durante los gobiernos de los presidentes John Kennedy, Lindon Johnson, Richard Nixon, Gerald Ford, Jimmy Carter y Ronald Reagan. Estaba en la mansión de la calle 16 cuando la crisis de los misiles entre Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba en 1962.

Me sorprendió también que sin tener relaciones la República Dominicana con la Unión Soviética, el novicio embajador hiciera esa visita, ya venida a menos como paso diplomático anticuado. Sin embargo, me sirvió para proteger, a pedido del consulado soviético, a tres dominicanos que quedaron varados en Washington, DC, en su camino a Moscú adonde estudiaban. Ese es otro capítulo.

Del Rosario Ceballo duró al frente de la embajada un año, y a poco fue designado por el presidente Guzmán el abogado y reconocido periodista Rafael Molina Morillo, a quien le tocó el período aciago del último año cuando ocurrió el suicidio del presidente Guzmán y los aprestos tras las elecciones de 1982 que las ganó el doctor Salvador Jorge Blanco.

Tras asumir su puesto en agosto de 1982, el nuevo presidente Jorge Blanco nombró como embajador al licenciado Carlos Despradel, reconocido economista y antiguo gobernador del Banco Central. Como técnico “seco” que no era político, Despradel se manejó con tino y buen talante en su desempeño de tres años como embajador.

Le tocó despedirme al concluir mi misión de consejero y cónsul general en 1983, algo que hizo con un almuerzo en las oficinas de la embajada junto a su señora Julie. Todos en la misión sabían que yo había sido sustituido, pero excepto el rumor propalado por un alto funcionario de la Cancillería dominicana que visitó la sede, nadie sabía que el presidente Jorge Blanco me nombraría como nuevo embajador en Haití. (Continuará).

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