Abrumado por las circunstancias, el presidente Abinader pudiera estar, como el filósofo Diógenes, en sus días en los paraninfos de Grecia, linterna en mano buscando un hombre honesto. Para Diógenes era difícil encontrar sinceridad.

Diógenes buscaba un hombre honesto “para criticar la falta de virtud y autenticidad en la sociedad, simbolizando la dificultad de encontrar sinceridad en un mundo hipócrita”. La metáfora, dicen los profesores de filosofía perdura hasta hoy.
Parece que Abinader, más que recurrir a los jóvenes políticos, quienes andan predicando por la República Dominicana que podrían resolver todos los problemas, está volviendo sus ojos a los viejos, los que fueron honestos funcionarios.
Por eso, ante el caso de Senasa que ha manchado innecesariamente a su régimen, recurrió a Arismendy Díaz Santana para que encabece una comisión de supervisión del control y administración de la empresa de seguros, e integró en ella a Federico Lalane José.

A los dos hombres, Diógenes los hubiera encontrado en su búsqueda porque los jóvenes que aspiran los puestos públicos llegan a los mismos ya con sus compromisos y sus cobros anticipados como acusan a Santiago Hazim, imputado por el escándalo Senasa.

Ya no hay tantos viejos de honestidad comprobada para suplir las demandas del estado dominicano en materia de pulcritud. Quizás porque su “tiempo pasó”, el doctor Emmanuel Esquea, quien pudiera estar en cualquier alto puesto, se echó a un lado.

Esquea, abogado sobresaliente, quien fuera presidente del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, en sus días de gloria, con el doctor Peña Gómez en el liderazgo, está dedicado al ejercicio del derecho. Fue consultor jurídico del Poder Ejecutivo y embajador.
Los jóvenes tienen ante si primero la avaricia, por lo que a un mozo empacador de supermercado se le oyó delirar con “engancharse” a la Policía, lo que le permitiría tener su “quimbo”, hacerse respetar y poder servir a cualquier causa de enriquecimiento rápido.
Se entiende que el presidente Abinader no ha mandato a nadie a matar ni y a robar, pero la gente, en su cavilar monotemático en estos días del gran escándalo, es asaltada por la duda porque el señor Hazim, de la etnia libanesa que abunda, era uno demasiado cercano.



El público mira con sospecha a los que denuncian la corrupción y se proponen como eventuales salvadores, se supone para las elecciones del 2028, y todavía más a quienes han apostrofado en sus programas de televisión o en las redes sociales contra Abinader.
Le han llamado al presidente desde sinvergüenza en adelante con el aderezo de las palabras subidas de tono de los inconformes del patio y últimamente han sobrepasado la raya al mencionar a las Fuerzas Armadas por el lío de Senasa, sin aportar pruebas.
Abinader trata de mantenerse a un lado de la situación, desde el primer momento de su régimen que pasa de los 5 años y expresó su creencia en la justicia independiente. Los que llevan el caso Senasa, los magistrados Yeni Berenice Reynoso y Wilson Camacho tienen fama de autónomos en la toma de sus decisiones.


Camacho, al frente del escándalo de Senasa y de otros más que han envuelto a figuras reconocidas del entorno del poder en el pasado, ha definido el último desfalco como “el más siniestro y cruel porque afecta algo tan esencial como la salud de millones de personas que dependen de ese seguro”.


Brillante artículo Guarionex, sin desperdicio.