Con mucha preocupación por cómo la afectaría, la República en alguna medida se está involucrando en el conflicto, hasta ahora más que de notas y declaraciones, entre los Estados Unidos y Venezuela, que buena parte del mundo cree que puede llegar a una guerra.
Se cree que más que de notas y declaraciones, porque hasta el momento se cuentan por varias decenas las personas muertas en las llamadas “narcolanchas”, que Estados Unidos ataca y acusa de intentar llevar drogas narcóticas a su país. Caracas las califica como “barcos pesqueros”.

El gobierno del presidente Trump ha aumentado la presión contra Venezuela esta semana con el envío a sus mares del portaaviones USS Gerald R. Ford. Se trata de incrementar el músculo armado para frenar el tráfico de drogas desde América del Sur y combatir las organizaciones que se lucran del negocio, pero quizás en el fondo derrocar al presidente Maduro.
El gobierno de Trump menciona entre las bandas que mantienen negocios en Venezuela al Cartel de los Soles, agrupación integrada por altos y bajos mandos militares e integrantes del gobierno de Maduro. Maduro ha negado esos cargos y deriva su ataque a la posición norteamericana a irrespeto a las leyes internacionales.
Varios países como Francia y Canadá repudian la postura norteamericana y Naciones Unidas ha hecho críticas por la muerte de los ocupantes de las lanchas. México, Colombia, Nicaragua y Cuba tienen una posición claramente de alineación con Venezuela
La última saga del aparente involucramiento dominicano en el conflicto que hasta ahora no es bélico entre Estados Unidos y Venezuela, ha sido la visita el jueves de una misión de alto nivel de la Agencia Antidrogas, conocida como DEA, que discutió sus temas en el Palacio.

Quizás los estrategas de la política exterior y militar dominicanos pudieron buscarle una salida más grata que esa visita de funcionarios de la guerra antinarcóticos que no eran los jefes sino subjefes. Funcionarios medianos junto a Abinader ganaron la portada del viernes a LISTIN DIARIO.
Se diría que los altos cargos de la DEA no deberían discutir con el presidente dominicano esos asuntos del narcotráfico y la trata de personas. Ese comportamiento no le trae críticas al gobernante dominicano porque en general los líderes políticos dominicanos si algo tienen en común es su sentido de la “americanización”.
Ya la RD hizo mucho al devolver a los Estados Unidos dos aviones pertenecientes a la flotilla del presidente Maduro, lo que atizó las disputas entre las cancillerías de Caracas y Santo Domingo y motivó, como gota que colmó la copa, la suspensión de relaciones y cierre de embajadas.
Que se sepa, Washington no pagó nada por ese servicio que tuvo una mala apariencia ya que la entrega del principal avión, que tenía mucho tiempo en el aeropuerto El Higüero, se realizó como un arrebato del secretario de Estado, Marco Rubio, que logró subir sus bonos en USA.
Tampoco la parte norteamericana ha pagado nada por otros servicios al seguir la política del presidente Trump con el tema del narcotráfico y la trata de personas, que ya desde su inicio eran tópicos de los que se ocupó el presidente Abinader desde su primera toma de posesión. Estados Unidos no hizo nada importante ante las denuncias sobre la situación en Haití.

La americanización se ha templado en estos días. La llegada de la nueva embajadora norteamericana, Leah Francis Campos tuvo un toque apoteósico. Visitó la Catedral de Santo Domingo donde para la fecha, el pasado jueves, el arzobispo metropolitano, Francisco Ozoria había sido defenestrado por El Vaticano.
A poco llegó a Santo Domingo la gobernadora de Nueva York, la demócrata Kathy Hochul, quien fue recibida por el presidente Abinader en el Palacio Nacional, y por las autoridades de la capital y Santiago, en medio de un regocijo nada habitual para casos como ese. Parecería que en el gusto norteamericano la RD está de moda.

